viernes, 31 de julio de 2009

Los dos demonios

La ciudadanía de Córdoba se encuentra desde hace casi dos meses de rehén del conflicto municipal. De un lado, un intendente sin poder. Quien fue candidato por la deserción del por entonces favorito del verdadero poseedor del crédito de la población cordobesa en el año 2007: Luis Juez.Este había ganado las elecciones para jefe comunal en el 2003, con aproximadamente el 60% de los votos de los capitalinos. Se las ingenió para conservar -pese a los vaivenes de su gestión- casi intacto su capital político.Tanto Daniel Giacomino como Héctor “Pichi” campana (su favorito) le deben al actual senador electo su posición. A ningún otro político se le había ocurrido convocarlos. Lo cierto es que Giacomino fue viceintendente de Juez y Campana su jefe del bloque de concejales del Frente Cívico. El estilo personalista y confrontativo, más algunas intimidades que solo ellos saben, hicieron que Campana desertara de las filas del entonces Partido Nuevo. El candidato a intendente de Luis Juez fue hasta casi último momento el ex campeón de básquet, pero su desaire hizo que a regañadientes aceptara al ex titular de Hemoderivados de la UNC, seguramente conociendo sus pocas cualidades para el cargo. Y Giacomino fue a elecciones. Lo cierto es que con la foto del verborrágico ex intendente en la boleta y obteniendo menos votos que él para gobernador en capital, el actual Lord Mayor llegó al cargo.Primero amenazó con no asumir si no se contaban todos los votos para gobernador porque a su amigo Luís Juez "le habían robado la elección" (sic). Pero asumió. Primer traspié en la credibilidad del actual jefe comunal. Luego, la casi nula gestión, una serie de medidas desacertadas en el transporte y la higiene urbana, aumento de las tasas y haberes de la planta política, su supuestamente férrea posición ante los empleados para terminar cediendo a sus reclamos, culminando con un duro enfrentamiento con su mentor y el apoyo a una lista que obtuvo menos de dos dígitos de votos, sepultaron su imagen. Pero por si todo esto fuera poco, dos semanas antes de las elecciones que se veían catastróficas para sus candidatos, el intendente resuelve reducir horas extras y prolongación de jornadas que él mismo había convalidado poco antes. El conflicto era previsible. Un gremio duro y combativo - con el que no pudieron ni Ramón Mestre ni Rubén Martí-, no se iba a quedar con los brazos cruzados. Giacomino lo sabía y apostó a todo o nada. Simultáneamente se mostraba con el funcionario más cuestionado y procesado del gobierno nacional inaugurando obras intrascendentes e inviables. El pueblo lo juzgó en las urnas. Pero lejos de revisar sus decisiones, apretó el acelerador después de los comicios. Era lógico que teniendo del otro lado un sector duro, privilegiado, agresivo e inescrupuloso a la hora de defender sus conquistas, que poco le importan sus conciudadanos, el resultado no podía ser otro. Con esto Giacomino oculta su inoperancia y gana lo que no podía obtener con su gestión: algún apoyo popular. Pero… ¿A qué costo?

jueves, 16 de julio de 2009

Niego la negación

Después del resultado electoral del 28 de junio, el ex presidente Néstor Kirchner aceptó la derrota pero "por muy poquito", cuando estuvo casi terminado el escrutinio definitivo. Al otro día, la presidenta dijo que en todo el país habían ganado por "poquito" y si en la provincia de Buenos Aires valía haber perdido "por poquito", también valía su triunfo nacional "por poquito". En este análisis la presidenta sumaba los votos que se habían logrado en provincias de gobernadores que hasta entonces eran afines al "modelo" nacional, pero que el 29 ya salieron a diferenciarse. Por supuesto, al ser elecciones legislativas, no importa tanto si el Gobierno obtuvo la primera minoría (suponiendo que todos sigan siendo fieles), como la cantidad de legisladores que cada bloque gana o pierde. Y en este sentido, evidentemente el gobierno perdió. Y si de lo que se trataba, como lo planteó el ex presidente, era de plebiscitar el "modelo", evidentemente fue una derrota catastrófica por 70 a 30. A partir de allí muchos políticos y analistas hablaron de la negación de los Kirchner. La negación es un mecanismo de defensa descripto por el padre del psicoanálisis Sigmund Freud y tiene una característica fundamental: es inconsciente. El análisis pseudo triunfalista o de derrota moderada esgrimido por el Gobierno nacional dista mucho de ser inconsciente, es más una estrategia elaborada para no reconocer públicamente la primera paliza electoral que sufrió el kirchnerismo, acostumbrado a ganar todas las elecciones desde 1987.Y es no sólo explicable desde el punto de vista político (no psicoanalítico), tanto que ningún presidente que perdiera una compulsa electoral la reconoció gustosamente. Alfonsín en el 87 habló de errores en la comunicación, Menem salió a festejar el triunfo en Perico (Jujuy) o culpó a Duhalde en 1997, por entonces ya virtual candidato presidencial del justicialismo contra la voluntad del riojano. Al punto que intentó fallidamente una rereelección. Kirchner festejó como un triunfo el segundo lugar en el 2003 detrás de Menem y éste prefirió renunciar a la segunda vuelta antes de ser derrotado. La presidenta aseguró al día siguiente que en ninguna parte "estaba escrito" que debía realizar un cambio de gabinete ni de convicciones. Pero a los pocos días hizo un enroque de ministros, se deshizo de Massa que perdió en Tigre y del anodino Carlos Fernández. También llamó a un diálogo político a todos los sectores, cosa que no había concretado en seis años, pese a todos los reclamos. Pero esto lejos de ser porque recién elaboraba la derrota, es un manejo de los tiempos que va sorprendiendo a los partidos opositores. Y estos van reaccionando de manera distinta y lentamente dividiendo sus aguas. Algunos van al diálogo y otros no. De modo que adjudicar a una negación la conducta del oficialismo es una ingenuidad y un desconocimiento del significado de este término. Esto podría significar un error estratégico en la oposición que subestima la capacidad de reacción del kirchnerismo.

sábado, 11 de julio de 2009

“La gripe A, ¿una chanchada?”

Si es una pandemia gravísima que la OMS declaró como un peligro para toda la humanidad, ¿por qué el Gobierno recién ahora cambia de ministro y convoca al Comité Federal de Salud? Si concentrarse masivamente es una excelente manera de transmitir esta grave patología, ¿por qué el Gobierno no suspendió las elecciones? Si de todos modos estaban previstas legalmente para octubre como hace 25 años. Si la ministra Ocaña lo propuso y pidió apoyo y no se lo dieron. ¿Por qué no renunció antes denunciando esto? ¿La salud de la población no estaba por encima de los intereses mezquinos de un triunfo electoral que finalmente no llegó? Si la gripe común produce miles de muertos por año, ¿por qué no se preocupan los gobiernos anualmente de tomar todas estas medidas preventivas que son las mismas? Recuerdo que trabajando en Educación para la Salud en los comienzos de la década del ochenta, predicábamos en el desierto publicando y difundiendo que había que lavarse las manos, taparse cuando se estornudaba, no salir cuando se estaba enfermo, no acudir en invierno a lugares de gran concentración y no cambiar de temperatura bruscamente. Es decir las mismas medidas preventivas de la Gripe A. ¿Cuánto dinero gastaron en la campaña electoral que pudo ser empleado en la prevención de esta pandemia? ¿Cuantos actos proselitistas de concentración masiva se realizaron que pudieron evitarse? ¿Cuantos mensajes de Educación para la salud fueron reemplazados por costosas pautas publicitarias para instalar candidatos inútilmente? ¿Cuanto dinero se gastó en obras inútiles como el que pudieron destinarse a la prevención de esta epidemia? ¿La situación es grave como para afectar la economía del país de manera impactante, que vamos a cuantificar dentro de algún tiempo? Impacto en el turismo, impacto en la gastronomía, impacto en la recreación, impacto en el transporte, impacto en la producción, impacto en el comercio. La psicosis ha llegado a todas las actividades económicas de la Argentina. ¿Antes del 28 de junio no existía el riesgo? ¿Si existía por qué no se tomaron las mismas medidas, que se toman ahora? ¿Por qué no lograban reunir a todos los ministros de salud de todas las provincias antes? El ministro de Córdoba dijo que no era tan grave y que era un negocio de los laboratorios. Ayer estaba al lado del ministro Manzur, avalando todo lo que decía. Y decía todo lo contrario. ¿Cuál es la verdad? ¿Cuándo nos mintieron? ¿Antes de las elecciones inútilmente (porque perdieron igual) o ahora? Por allí anda circulando una información que sostiene que éste es un negocio de los laboratorios para vender la medicación que es muy cara. Que mueren más niños por desnutrición, por accidentes de tránsito y por otras enfermedades fácilmente prevenibles y que no se destina un sólo peso para eso. ¿Quién nos dice la verdad y quién nos miente? Por favor que alguien nos dé una respuesta coherente y creíble, porque si no las consecuencias económicas, psicológicas y sociales van a ser muy graves.

sábado, 4 de julio de 2009

Tinelli, el gran elector

Y Néstor finalmente fue. Si bien no se animó a hacerlo personalmente para no correr los riesgos de De la Rúa, ni pasó la grabación en la Residencia de Olivos, porque “lo quiere en vivo y en lugar neutral”.Lo cierto es que Kirchner no pudo sustraerse de estar presente en el cierre de campaña en el programa de Marcelo. ¿Por qué? ¿Qué diferencia hay entre estar personalmente, grabado o por teléfono? Si se rechaza la frivolidad, la farandulización de la política, el “modelo” de los noventa, lo correcto hubiera sido marcar la diferencia y que el humor vaya por su lado y la política por el suyo.Pero la inseguridad de los resultados lo atrapó al ex presidente. Estuvo. Igual que Menem en el 95 y De la Rúa en el 2001. El primero lo hacía como pez en el agua. Actuaba con Tato Bores en la residencia presidencial, comía los tallarines, hablaba en árabe, bailaba con odaliscas, cantaba el tango, bailaba con Hillary, jugaba al tenis, al fútbol y al básquet y finalmente cerraba su campaña dialogando en Video Match con el exitoso conductor. De la Rúa no tuvo la misma suerte. Su torpeza, su presencia forzada y la mala fe, le tendieron una celada de la que tuvo que salir en helicóptero. Néstor está en el medio, jugó con el doble de De la Rúa en el mismísimo lecho presidencial de Olivos, en el despacho oficial, pero el burlado era el radical. Otra cosa hubiera sido compartir con su imitador el cierre de campaña en el piso del programa emitido por su supuesto archienemigo mediática. Aunque no se privó de bromear con el tema, estuvo en un programa del grupo, dijo lo que quiso, fue mimado y hasta mostraron las encuestas que lo dan ganador. Incluso dialogó con su militante Larry, que mostró impúdicamente el voto de su lista, y le reclamó que no esté trabajando en su distrito por la campaña. ¿Cuál es la diferencia? Ya no la hay. Entre Palito Ortega y Nacha Guevara, entre la Tigresa Acuña y Carlos Reutemann, entre Larry De Clay y el soldado Chamamé, no hay ninguna. Y por si algo faltaba Néstor estuvo en Showmatch, por teléfono, pero estuvo. La diferencia es que Menem y De la Rúa se animaron a ir al estudio, a uno le fue bien y al otro muy mal, pero fueron. No vamos a caer en la exageración de Elisa Carrió de decir “¿Se lo imaginan a Sarmiento o Pellegrini yendo a Gran Cuñado?” Por supuesto que los tiempos son distintos, y en momentos de diarios, Sarmiento no se privaba de publicar cualquier cosa o dar un discurso en inglés en el Senado o decirles a sus contrincantes que olían a “bosta” o pintar la casa de gobierno de rosado. Alfonsín tampoco dejó de ir al programa de Sofovich, donde lo imitaba Sapag, pero cuando era candidato, en las últimas elecciones presidenciales, no estuvo ajeno de la mediatización del cierre de campaña. Pero hay una gran diferencia. Preparó un programa especial con Tomás Eloy Martínez. Y claro hay un abismo entre el flamante integrante de la Academia Nacional de Periodismo y escritor premiado internacionalmente y Marcelo Hugo. No le sirvió para ganar.