sábado, 28 de agosto de 2010

Tinelli o la decadencia argentina


La televisión de un país indudablemente es el reflejo de ese país. Es la vidriera donde se muestran los productos que se venden en él. Que Marcelo Tinelli, galardonado hace años en España igual que Berugo Carámbula (frustrado por una penosa enfermedad) como el mejor animador de Iberoamérica, con una productora millonaria, un despliegue de ballet, grandes bailarinas y bailarines, talentosos especialistas en espectáculo (Aníbal Pachano, Reina Reech y Carmen Barbieri), los mejores coreógrafos populares de la Argentina y actores cómicos de gran talento, convierta su programa en un “cachivache”, no es solo su culpa.
Porque Tinelli no tiene la culpa de no tener competencia. No tiene la culpa de que millones de argentinos disfruten viendo cómo se pelea un boxeador de poca jerarquía con un millonario que no tuvo ningún talento para producir un peso. No tiene la culpa de que a “la gente”, como últimamente se le llama al público, le gusten las peleas de alcoba o las agresiones que rozan lo morboso.
Es más, Tinelli, con gran olfato comercial, detectó lo que a la gente le gusta, desde que lo impuso Mauro Viale durante el Menemismo, y “pone en escena”, como la mejor ficción y perfecciona esa morbosidad.

Pero lo grave no es que Tinelli, que da para mucho más personalmente y económicamente, haga lo que hace y el rating lo beneficie. Lo grave es que a cualquier hora del día, en todos los canales, uno tenga que ver las repeticiones y repercusiones, a veces sobredimensionadas de ese conventillo (con perdón de los conventillos).
Si mira canal 9, hoy oficialista, por la noche, en el programa Bendita Tv o en Duro de domar igual que TVR se dedican a Tinelli. Por la Tarde Viviana Canosa hace lo propio.
Si mira el Canal América del opositor grupo Vila-Manzano-De Narváez por la tarde, ve a Mirtha Legrand, Infama, RSM o Jorge Rial dedicándose íntegramente a Marcelo Tinelli, Fort, y Cía. O a veces a cosas más denigrantes.
Si mira el propio Canal 13, ve las repercusiones de los conflictos ficticios creados por Tinelli en programas producidos por él mismo o por Chiche Geblung.

El ex movilero de José María Muñoz descubrió lo que el público de la TV consume y dijo: “Ah, Rial y Canosa le ganan al 13 a la tarde. Ahora van a ver”. Y les puso un programa igual, hasta en los fines de semana.
Canal 7 se ocupa de hacer lo mismo, con 6,7,8 y Telefé también alude al tema con Zaping.
Hasta en los informativos repercute lo que produce el animador oriundo de Bolivar y lo que es peor en los diarios y las radios. Ni que hablar de los portales de Internet.
El problema no es Tinelli, el problema es que “la gente” consume Tinelli y la competencia no tiene nada mejor para ofrecerle.

Nunca creímos que todo tiempo pasado fuera mejor. Pero ¿ustedes no extrañan a Mancera, Coire, Thorry, Soldán, Larrea, Simons, Percivalle, Mareco, Biondi, Verdaguer, Mesa, Tato y hasta Olmedo?

domingo, 8 de agosto de 2010

Niños de varias décadas lloran la muerte de Jacobo Halac




Murió el Doctor Jacobo Halac. Los niños de varias décadas están llorando.
Me tocó entrevistarlo por primera vez en 1980, cuando era movilero de esos con handy. No existían los celulares, ni ninguno de los medios tecnológicos que hoy se disfrutan. Había que sacarlo de donde estaba y trasladarse a un lugar abierto, adonde el aparatito de mano puediera llegar a la radio y así sacarlo al aire. Él estaba organizando un congreso de Neonatología, su especialidad.
Se podría decir que fue el padre de la especialidad, aparte de atender miles de niños recién nacidos en su instituto privado, fundó el de la maternidad provincial y lo dirigía. Era un servicio modelo. Tuvimos oportunidad de comprobarlo. Claro, no era lo mismo atender el resfrío o sarampión de un niño de ocho años, que asistir a un neonato, prematuro y con problemas. Él impuso la especialidad, y formó muchos alumnos, entre los cuales estaba su hijo, que hoy continúa su senda. Era un hombre simpático, afable, pese a sus ocupaciones y conocimientos.
Hasta siempre Dr. Halac, los recién nacidos de los setenta y ochenta le agradecen en muchos casos la vida y en otros la salud o simplemente la ternura con que los atendió.
Luis Beresovsky

lunes, 2 de agosto de 2010

Alcohólico no es borracho


Muchos confunden un bebedor consuetudinario y en exceso con un alcohólico. Y son dos cosas totalmente diferentes. “No es alcohólico quien quiere, sino quien puede”, solía decirme el recordado doctor Miguel Belascuain, fundador del IPAD (Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción). “Lo que caracteriza al alcohólico es la tolerancia”, afirmaba Abel Butti, uno de sus discípulos. Esto no todos lo saben. Es decir, si alguien anda a los tumbos, se descompone, pierde el control de sus actos, el sentido y apenas bebe un par de copas comienza a hablar tonterías, tiene pocas posibilidades de convertirse en alcohólico. Sí, es probable que el abuso del alcohol le provoque otro daños, como accidentes de tránsito, dramas por riñas, problemas renales u otros. Pero el alcohólico que tiene una predisposición natural para serlo se caracteriza por la tolerancia. Es decir, son aquellos, que se vanaglorian de beber todo lo que quieren y mantenerse derechitos y lúcidos. Estos tienen que encender inmediatamente una luz de alarma.

El alcoholismo se caracteriza porque la persona puede beber mucho, más que cualquier otro y no acusar el impacto de la ingesta. Esto hace que no cese de beber, y que cada vez necesite más dosis de esta droga que es el alcohol. Lo peligroso es que, una vez que comienza, no sabe dónde termina y cada vez necesita más cantidad de la sustancia. Es decir, se ha generado la adicción, la dependencia. Una vez producido esto, el alcohólico no toma conciencia de lo que está pasando y como quienes lo rodean comienzan a hacérselo notar, se oculta para beber. Las consecuencias en el organismo se producen del mismo modo o peor (por las cantidades) y finalmente, comienza a gastar todo lo que tiene y lo que no tiene para satisfacer su necesidad.

Otra de las graves consecuencias del alcoholismo es que al tener tolerancia y no tomar conciencia de su dependencia, el enfermo no busca ayuda. No concurre a la consulta para resolver su problema. Sabido es que el alcoholismo no se cura nunca y como cualquier adicción se recupera, pero no puede volver a probar ni una gota de bebida. Pero no es muy conocido que los gramos de alcohol en sangre varían según la bebida que se tome. Por eso la cerveza tiene como medida un balón y el Whisky una copita. También varía según el peso y la edad de la persona. Y a veces los jóvenes beben mucho más de lo que sus años y contextura física les permite, comparándose con los adultos que son más pesados y grandes. Todos estos son datos que los especialistas manejan, pero que la población en general no tiene en cuenta y así son las graves consecuencias que producen tanto el alcoholismo como el beber en exceso y luego manejar un vehículo o portar un arma. Una de las principales causas de muerte por accidentes de tránsito o como consecuencia de delitos o riñas es la ingesta desmedida de alcohol. Y una de las principales causas de la destrucción de familias y personas es el alcoholismo. Ambas cosas deben ser prevenidas con una correcta promoción de la salud y una atención primaria adecuada.