sábado, 10 de septiembre de 2011

¿Programas de chimentos o de violencia?

Recuerdo cuando comenzaron los programas de chimentos, allá por la década del setenta con “Radiolandia en Televisión”, conducido por Lucho Avilés, Susana Fontana, Jorge Jacobson y rotativamente Juan Alberto Mateyko, Sergio Velasco Ferrero y Juan Alberto Badía. En realidad era un programa de espectáculos, donde se entrevistaban artistas, se hablaba de sus trabajos y ocasionalmente, al igual que la revista homónima, se comentaba con quién estaba de novio o con quién se casaba o que había tenido un hijo algún famoso de la televisión, el teatro, el cine o la radio.En realidad era una manera de llevar a la pantalla chica, las revistas que causaban furor en décadas anteriores: Radiolandia, Antena, TV guía, Canal TV, etcétera y que como fanático farandulero y adolescente desocupado las compraba a todas. Así sabía que Julia Sandoval estaba casada con Coco Gotuzzo y veraneaban en Mar del Plata o que Beatriz Taibo y su marido de apellido Olivero tenían un nuevo hijo, que sería medio hermano de Raúl, que llevando artísticamente el apellido de la madre, era en realidad hijo de un primer matrimonio de la actriz. La separación de Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó nos entristeció a todos y el casamiento de Palito Ortega con Evangelina Salazar nos alegró. De hecho el término “cholulo”, surge de una historieta que se publicaba en uno de estos semanarios y se trataba de una chica llamada “Cholula, loca por los astros”. Pero de aquel inocente programa, que por más que el “maldito “ conductor trataba de darle un toque venenoso, a los actuales llamados “programas de chimentos” hay un abismo.En primer lugar han proliferado de tal manera, que no hay forma de escapar de ellos, todos los canales tienen uno o tienen varios que repiten, a manera de humor o no, lo que se produce en los otros. En segundo lugar, las maldades de Lucho Avilés de aquellos tiempos han pasado a ser juego de niños, comparadas con las que hacen los actuales conductores. Desde incitar a la beligerancia a invitados especialmente porque se sabe tienen alguna cuenta pendiente, hasta sorprenderlos con la llamada casual del otro con el que están peleados a muerte y con juicio de por medio o cámaras ocultas o fotos sorpresas privadas, hasta llegar a golpes de puño en cámara, no hay límites en los actuales.Tercero: hoy los “famosos” que se pelean en televisión, son absolutamente desconocidos. Algunas son modelos, otros son los llamados “mediáticos” y otros son inventos que seguramente los productores tratan de imponer, para luego incorporar a alguna obra de teatro de verano o a algún programa pasatista de televisión. Estas “figuras” son absolutamente descartables. Son contadas las que, por talento propio, no son difíciles de recordar años siguientes, hasta que finalmente desaparecen definitivamente. Y por último, los conductores (todos hijos artísticos de Avilés) no se privan de utilizar los términos más soeces y chabacanos para descalificar a quien no acepta una entrevista o se atreve a criticarlos.